Algunas veces he escrito cartas a algún museo después de visitarlo exponiendo mi opinión y, de manera muy modesta pero con sentido, dando ideas para mejorarlo. Obviamente, nunca he recibido respuesta, seguramente habrán ido a parar al fondo un cajón, en el mejor de los casos, o a la basura, aunque siempre tengo la esperanza de que esa carta la archiven en una carpeta titulada: opiniones y sugerencias. Quizá esto es hacerse demasiadas ilusiones.Desde pequeño he visitado muchos museos tanto en España como en el extranjero. Vivo en Barcelona y si algo caracteriza esta ciudad es la gran cantidad de museos que hay, un hecho debatido muchas veces –quizá demasiados, mucho gasto público…–. Por ejemplo, recientemente se a inaugurado uno dedicado al deporte, hace cosa de dos años se ajuntaron los fondos del Museo Nacional de Arte Contemporáneo con los fondos del Museo Nacional de Arte de Catalunya-MNAC (el mejor en lo que se refiere a arte románico), en la sede de este último, situado en Montjuic. Pero además hay museos y centros de arte dedicados a la mayoría de artistas más contemporáneos que España ha visto crecer; Dalí, Miró, Picasso, Tàpies y Gaudí. También museos que engloban obras artísticas de un período o tema concreto; Museo Arqueológico, MNAC, MACBA, Museo de la Ciencia, de Historia de Catalunya, de Historia de la Ciudad, Museo de Cera, de la Música, Etnológico, hasta uno Militar (y eso que los catalanes hemos perdido casi todas las guerras, mejor dicho, las importantes, todas)… o incluso uno dedicado al Chocolate. Finalmente, olvidándome de citar otros, está la gama de museos privados.De museos hay mejores y los hay peores; unos se publicitan más que otros, unos realizan más actividades, otros cuidan más sus montajes expositivos y otros se centran en las publicaciones de catálogos y libros. Pero muchas veces pueden mejorar haciendo pequeños cambios o introduciendo nuevos elementos que ayuden al visitante a disfrutar y aprender mucho más con su visita, o simplemente a publicitarse mejor. A continuación expondré unos puntos que, creyendo desde mi humildad, un museo puede mejorar, ampliar o simplemente seguir con su actividad, si es que así la realizan. Quizá haya más elementos de los aquí citados.
Diseño y elementos expositivos: La exposición de las piezas de un museo es la parte más importante. Un museo debe de cuidar mucho el orden y la situación de sus fondos según el espacio y tema. Pero además debe acompañar estos fondos con un buen montaje de vitrinas, paneles informativos, y otros elementos que ayuden a realzarlos y a entenderlos. Si bien es verdad que si se cuenta con un espacio pequeño para mostrar muchas obras sólo hay dos opciones o exponer las mejores de una forma más amplia o idear el mejor sistema para colocar todas las piezas sin que haya una sensación de aglutinamiento, como sucede en el museo de El Cairo (se que este ejemplo es muy general y que debe ser explicado mejor, pero seguro que la persona que lo haya visitado sabrá de que hablo). Una buena exposición es aquella en que las piezas están colocadas de manera holgada, con espacio entre ellas, ejemplos claros son la mayoría de museos de pintura, colocados en grandes paredes que, según el recinto, puede que tengan una gran pared para ellos solos o que la compartan como en el Museo de El Prado. De nada sirve colocar piezas una al lado de la otra sin casi espacio para que “respiren”, además su riesgo de una mala conservación aumenta demasiado. En lo que se refiere a elementos expositivos, un museo debe de tener presente de que el visitante no tiene porque conocer nada de las piezas allí expuestas, es por esto que un museo debe describir cada pieza, ya sea con los datos más básicos: autor, titulo, medidas, época y descripción, y si es posible acompañarlas con paneles informativos que describan mucho mejor un conjunto de piezas agrupadas en una vitrina o sala por un motivo concreto. Por ejemplo; en los museos arqueológicos se muestran las piezas por épocas o culturas, según el museo, y es normal que además de explicaciones de cada una de las obras haya explicaciones más generales de la época o de la cultura a la que se refieren. En los museos arqueológicos dedicados a una cultura o a un periodo más concreto, es aún más cuando debe de haber una mayor explicación ya que el publico quiere conocer más en profundidad el tema. No puede ser que un museo dedicado a una cultura concreta tenga las piezas expuestas en vitrinas cuadradas, que las protegerán mucho, pero que haciendo un plano general no destaca ninguna, no se ven más que vitrinas, y no hay más explicación que una descripción física de las obras junto con un poco de su iconología. Siguiendo con el mismo ejemplo, hay piezas arqueológicas que necesitan estar libres de vitrinas para su mejor visión, como los mosaicos (ej. Museo Arqueológico Nacional) o las grandes esculturas, que se pueden ver mucho mejor en el centro de una amplia sala sin cristales que den reflejos o impidan una visión de 360º al visitante (ej. Museo Arqueológico de Catalunya). Con relación a este último ejemplo, como mejor se expone una pieza es que pueda ser vista por todos los lados, pero obviamente, un museo no puede permitirse tener todas sus piezas libres para que el visitante pueda dar la vuelta, la mayoría están pegadas a la pared, pero bien es verdad que algunas si que pueden estarlo (ej. Sala Egipcia Museo Arqueológico Nacional, con los sarcófagos, momias humanas y grandes esculturas situadas en el centro de la sala para una mejor observación). Otro tema es la iluminación; actualmente tenemos la “moda” de hacer exposiciones oscuras, con una mínima luz enfocando una pieza. Este tipo de iluminación puede ser buena si la pieza está bien iluminada, que se permita ver por todos sus rincones, pero en la mayoría no es así. Este punto es muy amplio se pueden poner muchos más ejemplos y situaciones, yo únicamente he reflejado algunas muy básicas. A medida que vaya haciendo entradas en este blog con mi opinión de museos y exposiciones concretos que visite ya desarrollaré mucho más este punto y los siguientes.
Folletos y guías: Relacionado en gran medida con el punto anterior un museo debe dar al visitante un folleto o mapa del museo indicándole que se expone en cada sala, o incluso mencionando las piezas más importantes que en ellas residen, además de los diferentes elementos y estancias del museo. En este caso la mayoría de museos, e incluso exposiciones más modestas, lo hacen; explican la historia del museo, el tema de la exposiciones, muestran las mejores obras, las secciones o salas en que se divide la muestra…, pero aún hay que no. No dan ni un simple folleto de una hoja que indique como está dividido el museo o que hay en cada piso. Este hecho es una lástima, ya que hacer un folleto no cuesta nada para un museo y mejora mucho más la imagen. Cuando he visitado algunos museos en los folletos que dan cuando compras la entrada incluso hay puestas cada una de las vitrinas y las obras más importantes que moran en ellas, la verdad que este tipo de folletos son un lujo.
Catálogos: Además de los folletos un museo debe tener catálogos de sus fondos. En ellos debe de mostrarse todas o las más importantes obras que tiene, con una correcta y más amplia descripción junto con una serie de artículos que engloben estas obras y den volumen al catálogo, además de ir acompañado de numerosas fotos. De catálogos hay muchos tipos; unos más simples con las cuatro obras más importantes (ej. Catálogo colección egipcia Museo Arqueológico Nacional), otros que describen todas las obras de manera muy modesta con cuatro fotos (ej. Catálogo de la colección egipcia y precolombina del Museo Víctor Balaguer) y, entre otros muchos más tipos, los que hacen unos maravillosos y voluminosos catálogos ofreciendo una descripción completa de cada obra junto con una o varias imágenes, además de artículos que completan las descripciones y una extensa bibliografía del tema. Unos ejemplos muy claros de lo que a mi parecer son buenos catálogos son los que realiza la
Fundación “La Caixa” en sus exposiciones de arte (ej. Nubia reinos del Nilo en Sudán, Los Tracios…); describe a la perfección todas las fotos, introduce artículos que no figuran en la muestra e incluyen una extensa bibliografía en diversos idiomas. Un catálogo dedicado a una exposición o tema en concreto no debe de ser un souvenir, debe de ser la carta de presentación y el lugar donde poder ampliar información de la visita. No se puede tolerar, aunque algunos ya se conformen, un triste catálogo; con fotografías de poca calidad y mal realizadas que impiden una correcta visión de la pieza, vergonzosas descripciones donde no figura ni siquiera su tamaño, artículos que no guardan relación con el hilo expositivo, o fotografías, salidas de no se sabe donde, introducidas en un artículo de un tema muy diferente que nada tiene que ver con lo que se ve en las imágenes (con esta opinión me refiero al catálogo publicado con motivo de la exposición
“Faraón” celebrada en Madrid, un catálogo a mi juicio vergonzoso, cualquier persona con un poco de conocimiento en catálogos –con que hubiera visto uno de otra exposición valdría- es capaz de ver los múltiples fallos, donde ni siquiera se sabe quien fue el comisario. Sobre esta exposición ya expresé mi opinión en al lista de distribución de
Egiptomania.com). Un catálogo es el reflejo de la exposición, y será lo que se recordará cuando esta exposición finalice. No se puede tolerar que por una gran exposición con piezas maravillosas y muy costosas de traer y exponer deba tener un mal catálogo, por muy buenas que sean las piezas no nos debemos conformarnos con un catálogo así. Cuando tenía once años visité una maravillosa exposición, Los Iberos realizada por la Fundación “La Caixa”, de la que guardo pocos, pero muy buenos, recuerdos –dada mi corta edad-, recuerdo como se debía de pasar por un oscuro pasillo para llegar a ver la joya ibera por excelencia, la Dama de Elche, una copia por supuesto ya que la auténtica no puede moverse por si se rompe (al menos es lo que se decía en aquella época, por cierto, tengo que escribir un artículo en el blob sobre la devolución de obras de arte, últimamente se ha vuelto al tema de la devolución del Busto de Nefetiti a Egipto, y a los amantes de Egipto se les llena la boca dando la razón a Hawass en su lucha, pero luego se olvidan de que dentro de nuestras fronteras sucede lo mismo con nuestro arte). Volviendo a la exposición dedicada a los Iberos, mis padres, que no destacan por ser grandes amantes de la historia, aunque les gusta ver el arte de culturas pasadas, compraron el catálogo por lo que les gustó la exposición y por estar bien hecho, y desde que tengo más consciencia he mirado y leído más de diez veces el catálogo, a partir del cual recuerdo la exposición. Lamentablemente, cuando años más tarde relea el catálogo de la exposición Faraón no creo que lo primero que me venga a la cabeza sea la estatua de Kefrén, sino la mala leche por lo más que puede hacerse una cosa tan simple como un buen catálogo.